sábado, 19 de diciembre de 2009

INSTRUCCIONES PARA MI


Finaliza el año y el cansancio es inmenso producto de fiestas, encuentros con familiares, amigos y compañeros de trabajo. Dormir poco, comer mucho, soportar gente, hacer balances de fin de año y tolerar arbolitos de navidad en todas las vidrieras. El panorama no es alentador y encima la situación empeora: se termina esta columna para mí. Por eso, decidí idear consejos para sobrellevar esta situación. Este espacio es un medio de descarga ante escenarios que me provocan ira, por lo tanto habrá que buscar nuevas herramientas para evitar la locura.


-Comprar ropa. Los locales de indumentaria y sus vendedoras son un blanco fácil para desatar una tormenta de protestas. La receta es sencilla: elegir un pantalón dos talles más chicos que lo habitual, ingresar al probador y desde ese receptáculo afirmar que las medidas están alteradas. El golpe final será recitar la ley de talles ante la mirada absorta de los presentes.

-Ir al supermercado y pelear con señoras impacientes. Estos seres no respetan a nadie. Escudados por una vocecita chillona parlotearan hasta que alguien solucione sus reclamos. Increparlas y salir victoriosos es un gran desafío, sin embargo las señoras impacientes tienen un talón de Aquiles: su caniche toy. Amenacen al pichicho y lograran su objetivo.

-Iniciar una protesta en la cola del banco. Es el lugar ideal para iniciar un tumulto colectivo. La espera agota a los clientes ávidos de atención. Comience a realizar esporádicos comentarios aislados, después eleve la voz para contagiar a los presentes y finalice cantando alguna vieja consigna de reivindicación (por ejemplo: chorros chorro chorros, devuelvan los ahorros).

-Ir al cine en el estreno de una película taquillera. Suspenda la proyección del film ante los primeros chillidos adolescentes. Obligue al público a que escuchen los derechos que tenemos como consumidores al adquirir una entrada.
Si todo esto no es suficiente, horas de terapia pueden atenuar el sufrimiento. Sin embargo, estén atentos lectores porque la batalla no está perdida. Pablo y las demás integrantes de este suplemento piensan que se libraron de Victoria y de mí, pero no festejen por adelantado. Hierba mala…

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