Recorre lentamente la calle de la casa donde creció.A su paso las cortinas de "La Hermosura" se cierran.
El olor a pan recién horneado volverá cada tanto y con suerte alguna vez probará un sabor similar.
La puerta del bar, siempre abierta, le regala una imágen para atesorar. Años después recordará el espejo manchado sobre la pared del fondo, la luz amarillenta y el saludo casi imperceptible de don Pedro.
Lejos quedan el ruido de los camiones, los postes de luz, el grito de los niños saliendo de la escuela.
Todo un pueblo detenido en el tiempo de la última mirada.







